jueves, 25 de febrero de 2010

Entrevista a Wolfgang Giegerich, segunda parte


En esta clase dada, por Enrique Eskenazi en la Librería Sto. Domingo el 24 de febrero 2010, se continúa con la traducción y el comentario de una entrevista a Wolfgang Giegerich, que acaba de publicarse en "Living with Jung. 'Enterviews' with Jungian Analysts, vol. 3"  (Viviendo con Jung. Entre-vistas con Analistas Junguianos, vol. 3) de Robert y Janis Henderson, New Orleans, LA (Spring Journal Books).  También en la clase se responden a algunas dudas que tienen miembros del grupo con algunos aspectos del pensamiento de Giegerich y se tocan temas como "el alma" como sujeto y no como sustancia, la tecnología y el alma, el opus magnum del alma y la terapia, Dios (los dioses) y el alma, la dificultad de entender a Giegerich y la psicología

Puede escucharse esta clase, picando aquí.

sábado, 20 de febrero de 2010

El psicólogo como predicador del arrepentimiento


y como evangelizador"

Este es el título de un reciente artículo (octubre 2009) de Wolfgang Giegerich, que puede leerse picando el siguiente enlace

En este brillante artículo, que ataca no sólo a una psicología (?) ideológica basada en expectativas de salvación, compromiso, participación en la resolución de los grandes problemas, etc., así como a los lemasl kitsch, tan de moda, de la eco-psiclogía o psicología ecológica. Además de ello Giegerich muestra cómo una psicología "con alma" está libre de toda implicación egoica y de toda pretensión de "corregir" y/o "mejorar".

Entre otras cosas, Giegerich escribe:

"Aunque el propio Jung no siempre está libre del impulso a salvar el mundo, sin embargo, expresó la actitud psicológica muy claramente cuando dijo, “deseamos ver el mundo tal como es y dejar las cosas en paz. No queremos cambiar nada. El mundo está bien tal como es.” (CW 18 § 278). El mundo está bien tal como es, incluso ante el derretimiento del hielo y otros posibles desastres. Esta afirmación sobre la bondad del mundo no es ni un signo de ceguera total hacia la enfermedad, la miseria, los peligros, todo lo que está mal en el mundo, ni un dogma religioso o una afirmación metafísica, sino simplemente una articulación del principio psicológico, psicoterapéutico, metodológico, así como ético, de dejar las cosas en paz, abstenerse de inmiscuirse en el proceso entrometiéndonos con nuestras normas morales, recetas, deseos o activismo. Así como el zapatero debe dedicarse a sus zapatos, el psicólogo debe dejar que el alma haga su propio trabajo, ya sea patologizando o curando una patología. Esa máxima de Jung aplicada también al trabajo en la sala de consulta se realza en su repetida narración de que, cuando los pacientes angustiados le preguntaban qué tenían que hacer, él solía contestar que tampoco lo sabía y que lo único que podían hacer era mirar y atender los sueños. El psicólogo no es un arreglador de entuertos, ni un político, un técnico, un ingeniero social, ni un sanador ni salvador, un educador o un reformador, no es un bienhechor. Es sólo un “cuidadoso observador” y servidor a los productos y procesos del alma, sin un programa particular de salvación.

Sólo el ego quiere soluciones. Sólo el ego puede pensar que nosotros tenemos o debemos desarrollar rituales. Un psicólogo sabe que los verdaderos rituales tienen que venir del alma, de la psique objetiva, a fin de que sean rituales en primer lugar. Al igual que los dioses, los rituales no están hechos por nosotros, no son invenciones nuestras. ¿Y cómo podríamos desarrollar rituales, si su propósito es primeramente hacer sitio para lo que es la condición a priori de la posibilidad misma de los rituales, es decir, la conexión perdida? Una petitio principii. Sin la cópula entre los opuestos, sin la conexión viva real entre lo sensible y lo nocional, cualquier pretendido ritual sólo podía ser una ego ceremonia vacía. Sin embargo, para Romanyshyn nosotros tenemos que hacer esta conexión. “El derretimiento del hielo es un síntoma que requiere una vez más atravesemos el bache entre adentro y afuera.” Pero los puentes del alma no se pueden fabricar. Son puentes lógicos. Y si no existen para nosotros, como es el caso en la modernidad, entonces todos nuestros intentos de reducir la brecha son acrobacias improductivas a un lado de ella. Un Pontifex maximus sólo puede construir puentes que ya existan lógicamente y que le permitan estar lógicamente en ambos lados a la vez.

Tendríamos que”, “no puede haber solución sin”: retóricamente formas suaves de expresar un mandamiento, un “Tú debes”. Aquí está hablando el ego; y este ego, con su exigencia de un cambio radical, también constela sólo al ego en el lector y a él le habla; y además intenta imponer su propio programa egoico en este último, del mismo modo que surgió de una emoción egoica (la angustia) y enfocó su tema con ego-moralismo. Esta postura es puro ego, un ego completamente envuelto en sí mismo. El alma aquí no figura. En todos los aspectos esto es lo opuesto mismo de la postura de la psicología: la psicología como la escucha cuidadosa del habla del alma a sí misma sobre sí misma y sólo por su propio interés (no a nosotros y sobre nosotros o sobre el mundo y por nuestro bien, nuestra mejora.) “En los mitos y cuentos de hadas, como en los sueños, el alma habla acerca de sí misma, y los arquetipos se revelan en su interacción natural, como ‘formación, transformación / eterna recreación de la Mente eterna’” (CW 9i § 400, traducción modificada)."

Puede leerse todo el artículo picando aquí.

jueves, 18 de febrero de 2010

Entrevista a Wolfgang Giegerich


La primicia en esta clase dada por E. Eskenazi en la  Librería Sto. Domingo, Barcelona, 17 de febrero 2010, es la traducción y comentario de una entrevista a Wolfgang Giegerich, que acaba de publicarse en "Living with Jung. 'Enterviews' with Jungian Analysts, vol. 3"  (Viviendo con Jung. Entre-vistas con Analistas Junguianos, vol. 3) de Robert y Janis Henderson, New Orleans, LA (Spring Journal Books). 

La entrevista, aunque publicada en este mes, es de 2006/07, y en ella se describe, entre otras cosas, el itinerario intelectual de Giegerich; contiene también interesantes y agudas preguntas sobre su pensamiento, a las cuales Giegerich responde intentando exponer sus ideas con máxima claridad.


Puede escucharse la clase picando aquí




domingo, 14 de febrero de 2010

Realidad Virtual: verdad y simulación

A partir de Google Earth ha surgido un proyecto aún más ambicioso (Google Liquid Galaxy) que ya permite viajar virtualmente por todo el planeta, incluyendo alguna incursión suboceánica:



La “realidad” virtual pone en cuestión justamente qué sea “real” , la noción misma de “realidad” y, con ello, la noción misma de “verdad”. Simulación (en el sentido de un “simulador de vuelo”) y realidad, realidad simulada, simulación real...

Ya en 1998, en su "The Soul's Logical Life” (La Vida Lógica del Alma), Wolfgang Giegerich escribía (mi traducción):
“Es precisamente en esta era la psicología la que tiene como tarea ofrecer un asilo a la presencia real de la noción de verdad. Todo lo demás parece haber abandonado la verdad; las ciencias por supuesto y por definición, pero también la teología, la psicología personalista, el esoterismo New Age, el post-modernismo, el fundamentalismo, incluso el arte y la filosofía, cada uno de modos y en aspectos muy diferentes. Porque en nuestro mundo moderno se siente dolorosamente la desintegración de todos los valores y la disminudión de la cohesión social, generalmente parece que no haya mejor respuesta a esta desintegración que hacer una de dos cosas: o bien se busca refugio en posiciones fundamentalistas reaccionarias, apuntalándolas o defendiendo esos dogmas sin vida, reemplazando su antigua verdad viviente con el propio fanatismo subjetivo, o se intenta revitalizar la disciplina filosófica de la ética y crear todo tipo de institutos nuevos para la investigación ética, sin advertir que la ética no sirve de nada a menos que esté respaldada y autorizada por una respuesta real a la cuestión de la verdad... Pero esta era no quiere la verdad. Aparte de la ganancia rápida y el máximo beneficio, quiere una avalancha de: información, imágenes, estímulos, sentimientos, acontecimientos (happenings), y por supuesto procesos automatizados. Nuestra era disfruta “deconstruyendo” sistemáticamente toda nuestra tradición metafísica (“logocéntrica”) y nuestra herencia cultural a medida que avanza felizmente hacia la “realidad virtual”, que es una realidad absolutamente vallada, porque está absolutemente libre (desprovista) de verdad.”

jueves, 11 de febrero de 2010

La fuerza del pensamiento: Heidegger y Giegerich


Esta es una reelaboración de la nota colgada en este blog el 1 de mayo de 2009.

En un pasaje de su profunda, compleja y voluminosa obra sobre Nietzsche(1), Martín Heidegger hace la siguiente observación (mi traducción):

“¿Cómo puede un pensamiento (una idea) poseer fuerza determinativa? “¡Ideas!” ¿Cómo cosas tan volátiles van a ser centro de gravedad? Por el contrario, ¿no es acaso determinante para el hombre justamente lo que se agolpa a su alrededor, sus circunstancias -por ejemplo, su alimento? Recordad la famosa sentencia de Feuerbach: “El hombre es lo que come”. ¿Y, junto con el alimento, la localidad? Recordad las enseñanzas de los sociólogos clásicos ingleses y franceses respecto al milieu- que significa tanto la atmósfera general como el orden social. ¡Pero los “pensamientos” no, ni con la mejor voluntad!
A todo ésto Nietzsche respondería que es precisamente una cuestión de ideas, puesto que éstas determinan al hombre aún más que aquellas otras cosas; ellas solas le determinan con respecto a esos mismos alimentos, con respecto a su localidad, a su atmósfera y su orden social. En el “pensamiento” se hace la decisión respecto a si los hombre y las mujeres adoptarán y mantendrán precisamente estas circunstancias o si elegirán otras; si aún interpretarán las circunstancias escogidas de este modo o de este otro; si bajo este o aquel conjunto de condiciones pueden o no hacerse cargo de tales circunstancias. El hecho de que tales decisiones con frecuencia se desplomen en la irreflexión (carencia de pensamiento) no testimonia 
contra el dominio del pensamiento, sino a favor suyo. Tomado por sí mismo, elmilieu no explica nada; no hay milieu en sí mismo. En este sentido Nietzsche escribe (en La Voluntad de Poder, 70; de los años 1885-86): “Contra la doctrina de la influencia del milieu y de las causas extrínsecas: la fuerza interior es infinitamente superior”.
La más 
intrínseca de las “fuerzas interiores” son las ideas.” (ps. 22-23)

O, dicho de una manera aún más clara: 
la más interna de las fuerzas internas es el pensamiento, la idea. Naturalmente, no se trata aquí de “mis pensamientos” o “tuspensamientos”, “mis ideas” o “tus ideas”, sino de LA IDEA que se abre camino, aún a través de la pobreza o incluso ausencia de pensamientos- se abre camino no sólo en el ser humano, en la realidad colectiva, sino en el mundo mismo. Es a esta idea a lo que Wolfgang Giegerich llama “la vida lógica del alma”.

De ahí que en su obra fundamental, lamentablemente no traducida al castellano, “The Soul's Logical Life” (La Vida Lógica del Alma), Giegerich escriba, jugando con una afirmación del gran filósofo del siglo XVIII, el obispo Berkeley:

“El lema del obispo Berkeley que encabeza todo este capítulo, “el alma siempre piensa” tiene naturalmente un significado específico en el contexto de la filosofía de Berkeley. Peo aquí quiero de algún modo transplantar el enunciado de su propio contexto nativo... Lo que puedan haber significado "alma" y "piensa" para Berkeley y en el contexto más amplio del pensamiento del siglo XVIII no es lo que aquí nos interesa. Tomando este dicho tal como suena, no debiéramos leerlo como una descripción del acto empírico o una conducta realizada por alguna cosa llamada “alma”. Debiéramos leerlo filosóficamente, como un “enunciado especulativo” en el sentido de Hegel.  Si alma siempre piensa, ésto nos dice que su misma naturaleza es el pensamiento (pensar). Pensar no es una ocupación ocasional entre otras varias. El alma existe en tanto que pensamiento.... No puede separarse la existencia del alma de su pensamiento, en otras palabras: no puede comenzarse con la idea de un alma que primero de todo existe y que luego también piensa ocasionalmente.
Aquí topamos con un problema que tiene mala prensa especialmente en el pensamiento psicológico. Tanto dentro como fuera de la psicología, es muy raro en nuestro tiempo el conocimiento de lo que sean el pensamiento y la experiencia efectiva del pensamiento real.  Sin embargo (o precisamente por ésto) la mayor parte de la gente siente que ya sabe lo que es pensamiento. Lo confunden con su propia idea abstracta y muerta de ello, lo juzgan sobre la base de las meras actividades de su ego en sus raros esfuerzos por pensar.  En estos prejuicios el pensamiento se ve como lo opuesto de "sentir" e "imaginar", así como de "cuerpo" e "instinto" y se lo despacha como perteneciente a la "torre de marfil".  Hay que dejar estos prejuicios, ya que sería una ilusión esperar disiparlos. Sería más difícil explicar a tales gentes lo que el pensamiento es,  que explicarle a un ciego lo que es "rojo" o "azul", o a un psicópata lo que es la mala conciencia: estos últimos al menos saben que no saben. Los junguianos tienen además una dificultad adicional: tienden a entender el pensamiento como una de las cuatro “funciones” de orientación en el sentido escindido y positivizante de la tipología de Jung -una terrible reducción y dilución. Puede bastar aquí con apuntar a la dimensión en la que debe buscarse el pensamiento, afirmando que es el pensamiento lo que le da la verdad que tienen a un templo griego, a la música de Bach o de Mozart, a las grandes obras de la literatura y la pintura.  Nunca puede acentuarse lo suficiente: el pensamiento no es una “función”, aun cuando lo que Jung llamó “función pensamiento” sea por supuesto un momento en el pensamiento explícito y desarrollado. El pensamiento es la quintaesencia de las cuatro funciones y está más allá de ellas. Es la ruptura del nivel de las funciones psicológicas particulares hacia el nivel enteramente diferente de la lógica o del Concepto... El pensamiento es lo que requirit totum hominem (2), presupone “al hombre entero” que aún no está escindido en talentos y facultades separadas.  (El pensamiento) es las funciones positivizadas subladas -sublimadas (sentimiento sublado-sublimado/ imaginación sublada-sublimada/ deseo sublado-sublimado, instinto sublado-sublimado o superado, etc.). Básicamente, el pensamiento es la apertura del alma (o del "hombre entero”) a lo que es, la capacidad de expresar y responder a la verdad de la era (3).... Lo que pensamiento quiere decir en este contexto no es por tanto pensamiento abstracto, sino pensamiento viviente, mejor aún: movimiento lógico, vida lógica”.  


(1) M. Heidegger, 
Nietzschetranslated by David Farrell Krell, ed. Haper Collins, 1991
(3) formulación alquímica citada frecuentemente por Jung: (el Arte) requiere la totalidad del hombre.
(3) De acuerdo con Hegel, “La filosofía es su propia era comprendida en pensamiento” (Prefacio a Filosofía del Derecho)

martes, 26 de enero de 2010

W. Giegerich: La falacia ego-psicológica


Acabo de publicar el interesante artículo de W. Giegerich
“La Falacia Ego-Psicológica: Una nota sobre "el nacimiento del significado a partir del símbolo", publicada originalmente en el Journal of Junguian Theory and Practice vol. 7 nº 2, 2005, traducido por Ale Bica.

El artículo comienza así:

En su artículo “El Símbolo Místico: Algunos Comentarios sobre Ankori, Giegerich, Scholem, y Jung” publicado en esta revista (Journal of Junguian Theory and Practice, vol. 7, no. 1, 2005, págs. 25-29), Sanford Drob argumenta—apoyado por Micha Ankori en su “Rejoinder. . . . ” en el mismo número (pág. 31)—que “tanto el entendimiento de Scholem del símbolo como de la idea kabalistica de la infinita interpretabilidad plantean desafíos significativos a la declaración de Giegerich de "el fin del significado"".. Éste no es el caso de ningún modo. Sólo puede pensar así porque no ve mi argumento; lo que ve y critica es una visión que inadvertidamente está poniendo en lugar de mi visión. La tesis en mi artículo “
El Final del Significado” no se ve cuestionada de ninguna manera por las ideas de que “el símbolo es sui generis” y que está abierto a “un conjunto indefinido, cuándo no infinito de interpretaciones”. No tengo ningún problema con estas ideas. Jung también es víctima del mismo malentendido. Hace que Drob vea una oposición o un conflicto entre ciertas afirmaciones de Jung donde en realidad no hay ningún conflicto, porque las afirmaciones a las que se refiere son totalmente compatibles. Así, después de citar la idea de Jung de Tipos Psicológicos acerca del símbolo, de que “una vez que su significado ha nacido fuera de él ... (el símbolo) está muerto, es decir, sólo posee significación histórica”, Drob afirma que “Jung, empero, no fue consistente. Por ejemplo, más tarde afirmó que ‘ninguna formulación intelectual se acerca de algún modo a la riqueza y expresividad de la imaginería mítica.’” Las dos afirmaciones de Jung son compatibles porque son respuestas a dos cuestiones diferentes y por esta razón ninguna interfierecon la otra. Drob parece confundir estos dos temas distintos.

¿Cuáles son estas dos cuestiones? Respecto a la primera comenzaré con la frase de Drob “Si bien es verdad que algunos símbolos, por cualquier razón, dejan de sugerir posibilidades interpretativas, y por lo tanto ‘mueren’ ...” y notaré que Drob no discute totalmente la idea de la muerte de los símbolos, sino que no tiene explicación que ofrecer de por qué y cómo es posible la muerte de los símbolos, y no considera que esta cuestión sea digna de atención. ¿Cómo puede ser que un símbolo que ha fascinado a la gente durante siglos pierda de repente su poder sobre su psique? Es precisamente a esta cuestión a la que responde Jung en
Tipos Psicológicos, con su teoría del nacimiento del significado del símbolo a partir de él, en contraste con el símbolo que aún está preñado de significado. Esta es una cuestión que tiene que ver con la historia y la fenomenología de la vida del alma en la realidad empírica.

Cuando Jung, por el contrario, dice que “ninguna formulación intelectual se acerca de algún modo a la riqueza y expresividad de la imaginería mítica”, está preocupado por una cuestión totalmente diferente, es decir, la de qué sea un símbolo (cuando y en tanto aún está vivo), una cuestión acerca de su dignidad particular, de su esencia y naturaleza especial, en contraste sobre todo, con el “signo” y la “alegoría”. Esta es una cuestión lógica, una cuestión de definición. Cualquiera puede ver que esta visión de la riqueza y la expresividad (y es seguro agregar:
in-finita) de la imaginería mítica fácilmente puede insertarse en el otro enunciado, donde entonces elucidaría el enunciado “el símbolo aún preñado de significado”. La teoría de la muerte de un símbolo y de su significación meramente histórica presupone precisamente esta visión (supuestamente tardía y "no consistente") de la riqueza del símbolo. El símbolo sólo puede perder su riqueza y expresividad si la poseía previamente.

He dicho que cualquiera podría verlo. ¿Pero entonces por qué Drob no lo vio? Me parece que la razón es que reemplaza subrepticiamente la visión de Jung (y la mía) del nacimiento del significado a partir del símbolo por otra visión, del todo incompatible, la cual puede verse más claramente en su frase
“la posibilidad, o incluso la necesidad de proporcionarles [a los símbolos] traducciones racionales e interpretaciones”. Drob afirma que “para Giegerich, con el nacimiento del significado a partir del símbolo, el símbolo finalmente ha sido entendido”, lo cual de algún modo está respaldado por alguna formulación en mi ensayo (en el cual he intentado interpretar los comentarios de Jung en lugar de hablar por mi cuenta), y sin embargo es un malentendido fundamental de mi argumento, puesto que “entendido” para él se refiere a nuestro entendimiento, nuestras interpretaciones, mientras que en el contexto de la idea de preñez-nacimiento significa que es el significado mismo el que ha revelado su secreto, que él se ha abierto como un capullo. Sin embargo no ‘ahí fuera’, como algo que ha de ser contemplado, sino por haberse impuesto inadvertidamente a la conciencia, por haber revolucionado y haber vuelto objetivamente a casa a la forma lógica de la conciencia. Por lo tanto, el símbolo no ha sido entendido finalmente (por nosotros, en el sentido personalista), sino que su significado ha nacido a partir de él! Una diferencia significativa que se merece unos pocos comentarios.

He trabajado con la metáfora de Jung de la preñez y el nacimiento. Drob en cambio opera con los conceptos de interpretación y traducción. La diferencia entre estas dos posiciones es crucial. ¿Cuál es la diferencia, o mejor aún, la oposición entre ellas? Tenemos que discernir varios aspectos.

(1) La oposición preñez-nacimiento es una metáfora tomada de situaciones o sucesos naturales. Por el contrario, las ideas de “interpretación” o “traducción”, están tomadas en su sentido literal, y pueden tomarse de este modo porque ya desde el principio se refieren a acontecimientos mentales. Implican el hiato sujeto-objeto. El símbolo es el objeto; la interpretación dada es un acontecimiento en el sujeto, en la mente de la ego-personalidad. Esta escisión no tiene papel en la imagen preñez-nacimiento. El nacimiento metafórico del significado del cual el símbolo estaba preñado es el auto-movimiento natural (en un cierto sentido de la palabra), espontáneo, del significado (arriba empleé la imagen de un capullo que se abre hasta dar una flor). El acontecimiento que aquí ocurre toma lugar sólo en el lado del “objeto”. No entra aquí el sujeto con sus ideas y enunciados. Tenemos que adherirnos a la imagen. Un bebé que ha nacido no es por supuesto para nada como una “interpretación” humana de lo que se supone que estaba oculto en el vientre de la madre. No, es en sí mismo el embrión oculto el que ahora, sin embargo, ha salido de su estado de ocultamiento.

(2) Con la preñez y el nacimiento estamos hablando de un cambio de estatus o condición de una y la misma entidad, sustancia o materia. “Nacimiento” es la descripción metafórica de una transición que puede observarse, de la misma manera que el alquimista observaba el cambio de la materia en su retorta, por ejemplo el paso de la negrura a la blancura.
Las ideas de una traducción y de una interpretación, por el contrario, operan con una dualidad, con dos entidades separadas. Mientras que el embrión ha desaparecido (la “muerte” del símbolo) una vez que ha nacido el bebé, precisamente porque se ha transformado y vive en el bebé ya nacido, una traducción es un producto nuevo, adicional, que deja intacto detrás suyo el original del cual es traducción. De manera semejante, una interpretación es una realidad nueva en adición a eso que ha sido interpretado. Ahora tenemos dos cosas, el “texto” original y su traducción/interpretación, ambos divididos por una brecha ontológica.

(3) La pareja de conceptos nacido-no nacido distingue entre estatus o condiciones de un asunto. En el caso de tesis-interpretación, esta distinción se reemplaza por otra, la oposición “
real” (el texto como un hecho) vs. “ideal” (la interpretación como un punto de vista, una opinión), en otras palabras, una oposición entre dos reinos ontológicos. Puesto que la diferencia es ontológica, no puede haber una transición del uno al otro. Están frente a frente, divididos por un hiato fundamental....

Puede leerse el articulo en su integridad
picando aquí

jueves, 14 de enero de 2010

Giegerich y el presupuesto “alegórico”: el medio NO es el mensaje


En su “The Soul's Logical Life” (La Vida Lógica del Alma) Wolfgang Giegerich llega a afirmar que los junguianos ortodoxos han traicionado la herencia de C. G. Jung. “Jung -escribe- se merecía mejores herederos”, lo cual hace recordar a James Hillman quien, al referirse a “los junguianos”, los describió como “gentes de segunda con mentes de tercera”.

En esta clase, sin embargo, se estudia la máxima alegórica: “el medio no es el mensaje”, que para Giegerich marca la diferencia entre Jung y Freud, pero también la diferencia entre su enfoque dialéctico de la psicología y la psicología arquetipal.
La clase dada por mí el miércoles 13 de enero 2010 puede escucharse, picando aquí



viernes, 8 de enero de 2010

Frases de Hegel, para pensar


Frases de G. W. F. Hegel
:

Aquel para quien el pensamiento no sea lo único verdadero, lo supremo, no puede juzgar en absoluto el modo filosófico.

La vida es lucha y sufrimiento, pero la grandeza y la fuerza sólo se miden por la fuerza y la grandeza de la oposición.

Las verdaderas tragedias no resultan del enfrentamiento entre un derecho y una injusticia. Surgen del choque entre dos derechos.

Cabe soñar de sí mismo muchas cosas que no son sino representaciones exageradas del propio valor.

Lo que el hombre es realmente, tiene que serlo idealmente.

Ten el valor de equivocarte

Los que estén necesitados de consuelo pueden sacar de la historia este consuelo horrible: que los hombres de importancia histórica no han sido lo que se llama felices

Necesitada de consuelo está empero la envidia, a quien lo grande y elevado enoja y que se esfuerza por empequeñecerlo y encontrar defecto en ello, y sólo encuentra soportable la existencia de semejante superioridad, cuando sabe que el hombre grande no ha sido feliz.

...cabría pensar: así ha sido, es un sino, no se pueden cambiar las cosas. Y para olvidar el disgusto que esta dolorosa reflexión pudiera causarnos, nos refugiaríamos acaso en nuestro sentimiento vital, en el presente de nuestros fines e intereses, que exigen de nosotros no el duelo por lo pasado, sino la mayor actividad. También podríamos recluirnos en el egoísmo, que permanece en la playa tranquila, y contemplar seguros el lejano espectáculo de las confusas ruinas. Pero aun cuando consideremos la historia como el ara ante la cual han sido sacrificadas la dicha de los pueblos, la sabiduría de los Estados y la virtud de los individuos, siempre surge al pensamiento necesariamente la pregunta: ¿a quién, a qué fin último ha sido ofrecido este enorme sacrificio?

Nada grande se ha hecho en el mundo sin una gran pasión.

Con la existencia surge la particularidad.

Constituye una dificultad para la filosofía el hecho de que la mayoría piense que la autoconciencia no contiene más que la existencia particular empírica del individuo.

El drama no es elegir entre el bien y el mal, sino entre el bien y el bien.

El filósofo, debe hacer filosofía cuando ya la vida ha pasado.

...el griego Anaxágoras fue el primero en decir que el nous, el intelecto en general o la razón, rige el mundo; no una inteligencia como razón consciente de sí misma, ni un espíritu como tal. Debemos distinguir muy bien ambas cosas.

El hombre aparece después de la creación de la naturaleza y constituye lo opuesto al mundo natural. Es el ser que se eleva al segundo mundo. Tenemos en nuestra conciencia universal dos reinos, el de la naturaleza y el del espíritu.

Pero el hombre no es independiente, porque el movimiento comience en él, sino porque puede inhibir el movimiento. Rompe, pues, su propia espontaneidad y naturalidad.

El hombre piensa, aun cuando no tenga conciencia de ello.

El hombre que realiza algo grande, pone toda su energía en ello. No tiene la mezquindad de querer esto o aquello.

El hombre vale porque es hombre, no porque es judío, católico, protestante, alemán, italiano, etc.

El individuo no inventa su contenido, sino que se limita a realizar en sí el contenido sustancial.

El interés particular de la pasión es, por tanto,inseparable, de la realización de lo universal; pues lo universal resulta de lo particular y determinado, y de su negación.

El punto de la finitud consiste en la actividad individual que da existencia a lo universal, realizando sus determinaciones.

Un edificio es ante todo un fin y propósito interno.

El rejuvenecimiento del espíritu no es un simple retorno a la misma figura; es una purificación y elaboración de sí mismo.

El terreno del espíritu lo abarca todo; encierra cuanto ha interesado e interesa todavía al hombre.

En primer término hemos de observar que nuestro objeto la historia universal, se desenvuelve en el terreno del espíritu. El mundo comprende en sí la naturaleza física y la psíquica.

Este interés objetivo, que actúa sobre nosotros, tanto por virtud del fin universal como del individuo que lo representa, es lo que hace atractiva la historia.

Hemos de contemplar la historia universal según su fin último. Este fin último es aquello que es querido en el mundo; sabemos que Dios es lo más perfecto, por tanto, Dios sólo puede quererse a sí mismo, y a lo que es igual a sí. Dios y la naturaleza de su voluntad son una misma cosa; y ésta es la que filosóficamente llamamos la Idea.

La caducidad puede conmovernos; pero se nos muestra, si miramos más profundamente, como algo necesario en la idea superior del espíritu.

La existencia del espíritu consiste en tenerse a sí mismo por objeto.

La filosofía de la historia no es otra cosa que la consideración pensante de la historia; y nosotros no podemos dejar de pensar, en ningún momento.

La filosofía es el mundo al revés.

La filosofía no es, por tanto, un consuelo; es algo más, es algo que purifica lo real, algo que remedia la injusticia aparente y la reconcilia con lo racional, presentándolo como fundado en la idea misma y apto para satisfacer la razón. Pues en la razón está lo divino.

La filosofía, segura de que la razón rige el mundo, estará convencida de que lo sucedido se somete al concepto y no trastocará la verdad, como es hoy de moda.

La historia es el esfuerzo del espíritu para conseguir la libertad.

La historia es el progreso de la conciencia de la libertad.

La historia universal comienza con su fin general: que el concepto del espíritu sea satisfecho sólo en sí, esto es, como naturaleza. Tal es el impulso interno, más íntimo, inconsciente.

La idea es primeramente algo interno e inactivo, algo irreal, pensado, representado; es lo interno en el pueblo.

La idea universal es, por tanto, plenitud sustancial por un lado y abstracción del libre albedrío por otro.

La independencia del hombre consiste en esto: en que sabe lo que lo determina.

La lectura del periódico es la oración matinal del hombre moderno.

La razón es el pensamiento, el nous, que se determina a sí mismo con entera libertad.

La razón aprehendida es su determinación, es la cosa. Lo demás - si permanecemos en la razón en general- son meras palabras.

La razón descansa y tiene su fin en sí misma; se da la existencia y se explica por sí misma.

La razón ha determinado las grandes revoluciones de la historia, es el punto de partida necesario de la filosofía en general y de la filosofía de la historia universal.

La razón no necesita, como la acción finita, condiciones de un material externo; no ha menester medios dados, de los cuales reciba el sustento y los objetos de su actividad; se alimenta de sí misma y es ella misma el material que elabora.

... la razón rige el mundo y, por tanto, también la historia universal ha transcurrido racionalmente. Esta convicción y evidencia es un supuesto, con respecto a la historia como tal. En la filosofía empero, no es un supuesto.

La sustancia del espíritu es la libertad. Su fin en el proceso histórico queda indicado con esto: es la libertad del sujeto; es que éste tenga su conciencia moral y su moralidad, que se proponga fines universales y los haga valer; que el sujeto tenga un valor infinito y llegue a la conciencia de este extremo. Este fin sustantivo del espíritu universal se alcanza mediante la libertad de cada uno.

Lo concreto, en los caminos de la Providencia son los medios, los fenómenos en la historia, los cuales están patentes ante nosotros; y debemos referirlos a aquel principio universal.

Lo primero que el espíritu sabe de sí, en su forma de individuo, es que siente. Aquí todavía no hay ninguna objetividad. Nos encontramos determinados de este y de aquel modo.

Lo que generalmente se llama realidad es considerado por la filosofía como cosa corrupta, que puede aparecer como real, pero que no es real en sí y por sí.

Lo que sólo es en sí, constituye una posibilidad, una potencia; pero no ha pasado todavía de la interioridad a la existencia.

Lo subjetivo, como algo meramente particular y que tiene meros fines finitos y particulares, ha de someterse, sin duda, a lo universal.

En la conciencia sensible el objeto aparece como lo más rico, pero es lo más pobre en pensamientos.

Lo supremo para el espíritu es saberse, llegar no sólo a la intuición, sino al pensamiento de sí mismo.

Los fines particulares se pierden en lo universal.

Los hombres no se comportan nunca, en ese sentido completamente exterior, como medios para el fin de la razón.

Los hombres no son sino los instrumentos del genio del universo.

Pensar y amar son cosas distintas. El pensamiento en sí mismo es inaccesible al amor.

El sentimiento es la forma inferior que un contenido puede tener; en ella existe lo menos posible.

Lo que se tiene en el sentimiento es completamente subjetivo, y sólo existe de un modo subjetivo. El que dice: "yo siento así", se ha encerrado en sí mismo.

Cuando en relación con algo un ser humano no invoca la naturaleza y el concepto de la cosa, ni invoca por lo menos razones que sean la universalidad del entendimiento, sino que apela a su sentimiento, no queda entonces sino dejarlo estar, porque obrando así escapa a la comunidad de lo racional y se encierra en su subjetividad aislada, en la particularidad.

Lo que en sí y por sí es universal es objeto del pensamiento, no del sentimiento.

La fe no es apta para desarrollar el contenido.

El espíritu, por el contrario, reside en sí mismo; y esto justamente es la libertad.

El espíritu como conciencia es sólo el aparecer del espíritu

La filosofía nos enseña que todas las propiedades del espíritu existen sólo mediante la libertad, que todas son simples medios para la libertad, que todas buscan y producen la libertad.

Quien trabaja por una cosa, no está sólo en general, sino que está interesado en ella.

Producirse, hacerse objeto de sí mismo, saber de sí: esa es la tarea del espíritu.

Si la libertad, como tal, es ante todo el concepto interno, los medios son, en cambio, algo externo; son lo aparente, que se expone en la historia tal como se ofrece inmediatamente a nuestros ojos.

Si se dice: no sabemos nada de Dios, entonces la religión es algo superfluo, algo que ha llegado demasiado tarde y malamente.

Sin duda el hombre ha de ocuparse necesariamente de lo finito; pero hay una necesidad superior, que es la que el hombre tenga un domingo en la vida, para elevarse sobre los quehaceres de los días ordinarios, ocuparse de la verdad y traerla a la conciencia.

Sólo tengo interés por algo, mientras este algo permanece oculto para mí, o es necesario para un fin mío, que no se halla cumplido todavía.

Quien mira racionalmente el mundo, lo ve racional.

Todo lo racional es real; y todo lo real es racional.

Una oposición existe, cuando la realidad todavía no es conforme a su concepto, o cuando el íntimo concepto de sí todavía no ha llegado a la autoconciencia.

“¥o” en tanto negatividad absoluta, es en sí la identidad en el ser-otro; “yo” es el mismo y abarca el objeto como algo en sí superado; el yo es un lado de la relación y la relación entera; es la luz que se manifiesta a sí misma y manifiesta además lo otro.

Yo sé de mi objeto y sé de mí; ambas cosas son inseparables.


jueves, 24 de diciembre de 2009

Pensamiento dialéctico, psicología y Verdad


Una clase para acabar el año, dada el miércoles 23 de diciembre, que puede escucharse picando aquí.
En la conferencia se habló de la comprensión “dialéctica” de un texto, de la hermenéutica, del caracter especial de una psicología entendida como el logos de la psique, de la importancia del tema de la Verdad como liquidación de todo psicologismo y del mito de Acteón y Artemisa

Buenas Fiestas


lunes, 21 de diciembre de 2009

Reflexión “externa”, reflexión inmanente y entendimiento


El siguiente texto es una traducción libre que he hecho de un fragmento del libro de Wolfgang Giegerich “The Soul's Logical Life” (La vida lógica del alma):


Para comprender realmente un texto tenemos que re-traducir el texto factual retrotrayéndolo al material primigenio desde el cual fue forjado, y luego regenerar el texto literal a partir de ello. Es indispensable este doble movimiento a lo largo de un eje vertical que conecta el texto superficial del comienzo, pasando por su propia profundidad oculta o su centro, con el texto reconstruido. Pues ello es lo que implica y significa “entender” (hacer justicia).  “Entender” un cuerpo de ideas implica 1) distinguir dentro del texto mismo entre las formulaciones literales (el aspecto “gato”) y el basalto líquido (el aspecto “serpiente de Midgard”) que ha originado esas formulaciones, y 2) el complejo movimiento lógico de re-traducción del uno al otro y de regeneración del último a partir del primero. Puesto que los dos movimientos en direcciones opuestas tienen que realizarse instantáneamente (simultáneamente) y no uno después del otro, ya puede verse qué exigencias lógicas rigen para quien quiera entender. Se ha de ser capaz de pensar a la vez el estado líquido y el re-cristalizado. Cada afirmación individual, como el gato de Thor, tiene que poder representar toda la “serpiente de Midgard”. Tiene que tener dentro suyo la corriente original de lava. En tanto que movimiento vertical hacia dentro de la propia profundidad desde la superficie y de regreso a ella, para una orientación horizontal se permanecería en uno y el mismo punto. No se requiere comparación con lo que hay a la izquierda o a la derecha, ni está permitido.


Podemos acercarnos a la misma idea desde otro punto de vista. Es una intuición de la hermenéutica el que, para entender realmente un texto o un cuerpo de ideas, se tiene que poder percibirlo desde dentro y en sus propios términos. Esto quiere decir que se debe haber penetrado hasta su corazón o centro, y haberse ubicado firmemente en este (su) centro (aunque sólo sea “experimentalmente” y mientras dure el emprendimiento hermenéutico), a fin de interpretar todos los detalles de la doctrina en términos de este centro en tanto que corazón organizador del todo viviente del cuerpo de ideas en cuestión. Esto quiere decir que en lugar de mirar desde nuestra posición (nuestras propias convicciones, expectativas, prejuicios, necesidades), lo que es visible desde el “exterior” en su periferia (es decir, la multitud de enunciados tomados como tales), tenemos que aparcar nuestra propia convicción y dejarla atrás por el momento, y avanzar hacia el centro de nuestro objeto de estudio, entregándonos nosotros mismos a ello, a fin de ver los enunciados periféricos “desde atrás”, por así decirlo (reflexión inmanente)  Un entendimiento real presupone un tipo de amor, el abandono de la propia subjetividad; no amor como sentimiento o emoción, sino amor lógico. Si no logramos entregarnos nosotros mismos (al menos experimentalmente) al núcleo inspirador de la obra que estamos examinando, no seremos capaces de criticarla. La crítica simplemente pasaría de largo. Sería la crítica de nuestro propio opuesto, nuestra propia contraparte rechazada.


Hay aún otro modo de plantear el problema, propiamente en términos de dos personalidades en una persona. Tendríamos que penetrar a través de la superficie textual escrita por Jung (o el autor en cuestión) en tanto que ego-personalidad, a fin de relacionarnos con el verdadero pensador “en el plano del Self” en tanto que autor efectivo de la obra de Jung (o de la obra estudiada). Sólo así podemos ver cómo este centro ha generado los enunciados factuales individuales y podremos re-generarlos y re-construirlos en nuestra propia mente.


¿Qué es el centro o el corazón de un cuerpo de ideas? Es la Noción a partir de la cual vive este cuerpo de ideas. La Noción es su alma dadora de vida, su núcleo organizador, generador, es la lava ardiente líquida, del mismo modo en que la lava ardiente líquida es Noción, “nada más que” Noción (y no basalto literal). Pero puesto que es el alma del cuerpo de ideas, no está presente como un concepto o un enunciado literal (explícito), no es un “contenido”. Sólo puede ser inferido a partir de sus enunciados manifiestos. Y el corazón de una filosofía o una psicología sólo puede deducirse de sus enunciados factuales en tanto nosotros a la vez podamos re-generar esos enunciados a partir del centro deducido (círculo hermenéutico).


Puesto que tenemos que llegar a su “alma” si queremos hacer justicia a la psicología de Jung (o a cualquier cuerpo de ideas), el acercamiento a ello ha de ser con alma (e inspirado por un amor [lógico]) desde el comienzo. Sólo el alma (como órgano de nuestro acercamiento) puede llegar al alma de una obra, esto es, a la Noción que la inspira. Y por lo mismo, podemos decir opuestamente que un acercamiento en el que el sujeto se contiene de abandonarse al “corazón del asunto”, y que por tanto puede percibir el cuerpo de la obra sólo periféricamente como un conglomerado de opiniones misceláneas, es un acercamiento sin alma. Tanto la reflexión externa o ajena y la presentación sin compromiso de enunciados misceláneos son dos lados de la misma moneda, y ambos son generados por la auto-reserva por parte del sujeto. A menos que nosotros, el sujeto, nos entreguemos al objeto de estudio, este objeto de estudio se desmorona en el escombro de abstracciones aisladas sin alma. Sin el auto-sacrificio implacable y el compromiso en el nivel de la propia posición metodológica en tanto que intérprete de una teoría dada, no hay alma en esta teoría.


Pero, nuevamente, el alma de una teoría es la Noción o el Concepto cuyo despliegue es la teoría. La teoría psicológica es un caso singular. La psicología es la única disciplina en la cual el alma dadora de vida de la teoría resulta ser la Noción de alma, y donde aquello de lo cual es la noción no es otra cosa sino la Noción.  Pues el alma es Noción. No es la noción de un “factor” empírico o un “hecho” llamado alma. El alma no existe (ahí fuera, en la “realidad”), no es una entidad, no es nada ontológico. Es sólo (¿sólo?) lógica, “tan sólo” una Noción, una idea, una palabra (pero palabra no meramente como un flatus vocis).  La palabra alma no es un significador que tenga un significado. No se refiere a nada afuera de sí misma, sólo a la noción o idea que significa dentro de sí misma, o que postula en y a través de sí misma. Por contraste, todas las ciencias están animadas por la noción de algún Otro. Se orientan hacia un objeto o referente externo. Esta es la razón de su alienación fundamental, pero también lo que les proporciona su conocimiento con la confiabilidad y seguridad que puede garantizar la positividad. La psicología no está (o no tiene que estar) alienada de sí misma. Es absolutamente idéntica (constituída por la identidad interna como la cual existe). Nuevamente, esta identidad inherente es algo que muestra que y por qué la psicología está en un estadio lógico superior que las ciencias.


miércoles, 9 de diciembre de 2009

Discusión y debate a propósito de la psico-logía de Wolfgang Giegerich


En la última clase (2 de diciembre) dedicada a "Psicología & Verdad. El pensamiento de W. Giegerich" se dio espontáneamente un debate que tomó las dos horas que en principio se iban a dedicar a la lectura y comentario de un texto del gran psicólogo.

Ese debate ha servido para poner en evidencia la complejidad que entraña el riguroso proceso psico-lógico de Giegerich y hasta qué punto los hábitos usuales de pensamiento pueden dificultar la tarea de abrirse a un discurso dialéctico de gran rigor y sutileza.  

El debate puede escucharse p
icando aquí


sábado, 5 de diciembre de 2009

¿Esfuerzo? ¡Sí, esfuerzo! (W. Giegerich 1988)


Ya a finales de los años 80' del pasado siglo, las discrepancias entre la psicología arquetipal de James Hillman y el pensamiento psico-lógico de Wolfgang Giegerich se hicieron sentir de manera innegable, abriendo una confrontación que acabaría en una divergencia sin reconciliación posible. El mismo Giegerich se ha referido a esto en su carta al Seminario en Brasil, en la que escribe:

“Como acaso sabréis, cuando comencé mi trabajo psicológico estaba profundamente impresionado por la nueva vida que James Hillman había infundido en la psicología junguiana, y cooperé estrechamente con él durante muchos años. En un cierto punto, su pensamiento y el mío comenzaron a separarse en direcciones levemente diferentes, aunque permanecemos conectados por un apasionado interés psicológico que compartimos. Hacia finales de los 80, me pareció que era Hillman y no yo quien se había alejado de alguna de sus posiciones tempranas, y en una dirección que yo no podía seguir. Más tarde, cuando empecé a volverme más y más independiente, también comencé a cambiar, y esta vez en una dirección que no era aceptable para Hillman.”

Podría marcarse como fecha clave para esta ruptura el festival de psicología arquetipal en la Universidad de Nôtre Dame de 1992, en el que Giegerich presenta en formato abreviado su artículo "Matanzas: el platonismo de la psicología y el eslabón perdido con la realidad”, respondido por Hillman en 1994 en su artículo "Una vez más en la batalla”, al cual replicó de manera contundente Giegerich en su "Respuesta a Hilllman: Una vez más la cuestión realidad/irrealidad".

Se asiste así al nacimiento de un nuevo nivel de pensamiento psicológico que ya no puede identificarse con la psicología imaginal de Hillman, la cual había significado un nuevo giro, una "nueva ola" revolucionaria en el pensamiento junguiano.

Pero ya en 1988 en la revista Spring Hillman había publicado un artículo titulado “Hegel, Giegerich y U.S.A.” en el que cuestionaba las ideas de Giegerich, que giraban alrededor de la importancia del pensar y el ingreso en la dimensión lógica del alma, que superaría así el imaginar o la dimensión cuasi-ontológica.
En el mismo número de Spring, se publicaba también la respuesta de Giegerich: "¿Esfuerzo? ¡Sí, esfuerzo!", respuesta que muestra que ya en 1988 Giegerich había accedido a una dimensión de rigor y de originalidad que hacía que su camino fuera incompatible con la psicología imaginal.

En lo siguiente traduzco algunos fragmentos de este brillante artículo, en el que Giegerich defiende la necesidad de acceder al plano lógico (dialéctico) del pensamiento para hacer realmente justicia al "alma" tal como se manifiesta en el mundo actual y en los fenómenos contemporáneos.

¿ESFUERZO? ¡SÍ, ESFUERZO! (W. Giegerich 1988, Spring)

"... la lógica de Hegel ha sido terra incognita desde la muerte de Hegel en 1830. Si hubiera persuadido a la mente europea, la historia de los dos últimos siglos hubiera sido muy diferente.


---Creo que pueden salir a la superficie algunos serios problemas y acaso conflictos muy reales. Uno de estos problemas se manifiesta cuando Hillman dice: "El habla antes que el pensamiento" o (interpretando mi posición) "La lógica precede a la existencia" o "no... en el terreno del pensamiento sino en la expresión de las cosas". El habla y el pensamiento, la lógica y la existencia, el pensamiento y las cosas, son puestos como pares de opuestos dentro de una lógica de o bien/o bien. O bien la lógica o bien la retórica es óntica. O bien el uno o bien el otro viene en primer lugar. Hillman... dibuja una línea, y pone a un lado de ella como menos significativo y menos erótico el "cómo conocemos el mundo (epistemología) u ordenamos su pensamiento (lógica)", y al otro lado el "cómo disfrutamos, celebramos, nos quejamos y debatimos el mundo". Pero a lo que se refiere bajo la etiqueta de lógica no es la misma "lógica" de la cual yo hablo. Ni tampoco es congruente con el entendimiento que Hegel tiene de la lógica. Es otra cosa. Mi noción de lógica se ubica dentro de una lógica muy distinta de la del o bien-o bien, y ya aquí hay un primer indicio de la inevitabilidad de la lógica. Hillman emplea aquí un tipo de lógica, aun cuando está debatiendo en contra de lógica. Y el tipo de lógica que opera en su argumento no facilita las cosas: si se comienza con una idea de lógica que sólo pertenece a un lado, y que precede al habla o a la retórica o a las cosas o al disfrute (o, si se prefiere, al revés), y si se comienza con algo a lo cual lo demás podría "reducirse", entonces por supuesto ya se ha perdido la causa.


Si tomamos la frase acerca de "cómo conocemos el mundo y ordenamos su pensamiento" y "cómo disfrutamos, celebramos, nos quejamos y debatimos el mundo", mi noción de lógica no se encuentra a un lado de la línea. Más bien, la lógica es la investigación del "cómo" en cualquiera y ambos de los lados. Hay muchos estilos y niveles de conocer, disfrutar, quejarse, y cada uno tiene su lógica. Nada se "reduce" a la lógica, porque aquí la lógica en cuestión está en las cosas, en la conducta, en el habla. Las cosas y las ideas no tienen que ser opuestos; después de todo, nuestra tradición nos ha enseñado que las cosas son las ideas de Dios. Ciertamente, el pensamiento viene antes que el lenguaje, pero sólo en el punto en que también el habla viene antes del pensamiento, pues nuestra tradición nos dice también que en el comienzo fue la palabra (Y Dios dijo...). Hay un "antes", pero no debiera literalizarse y transformarse así en algo que sólo puede ser propiedad exclusiva de lo uno o lo otro.


Aquí debo insertar una breve apología de Hegel. La Lógica de Hegel no es nunca literal, y la categoría de oposición abandona la escena muy pronto en su libro. Adecuadamente ha sido considerado una obra que en tanto que genuinamente filosófica, es en sí misma poesía. Y lo que la inspira es el Amor. Hillman parece imaginar el Anstrengung des Begriffs (1) en términos de un esfuerzo heroico para hallar una salida y vencer a un monstruo llamado "la escisión entre sujeto y objeto", o lo que sea.

Nada de eso es así. Hegel no busca una salida, sino una entrada, más y más profunda. Y no es él quien desea vencer ningún problema, es meramente el espectador que contempla el juego de las categorías lógicas, contempla cómo perecen por sus propias contradicciones internas, siempre que no se congele su juego, ni se las literalice en ningún momento. Aquí el esfuerzo se refiere a la paciencia de contemplar el "juego" entero desde el comienzo hasta el final, la paciencia de seguir los pasos muy pequeños y lentos. Hillman y la psicología arquetipal podrían hallar en la lógica de Hegel, discutidos en un nivel muy elevado de reflexión y elaborados cabalmente, muchos de sus intereses bajo diversas apariencias -pero no es asequible sin algún esfuerzo.


Lo que hasta ahora he discutido podría atribuirse en lo esencial a malentendidos y problemas semánticos (diferentes ideas conectadas con la palabra "lógica"). Pero hay más en juego. No se ha tocado el conflicto real, o acaso tan sólo cuando hallamos el esquema de pensamiento oposicional, literalista, que escinde la lógica y el habla, que no va de acuerdo con la propia posición usual de Hillman. La psique no debe ser separada de su propia lógica, ni la lógica del alma: psicología debe seguir siendo una sola palabra. Y debemos soportar la complicación, cuando no la contradicción, de que la psique se someta a un análisis del estatus lógico en que está, y la lógica se vea humedecida por la psique. La psique sola, escindida del logos, no bastará. La inocencia de la imaginación por sí misma, de las visiones originales tal como vienen, de la retórica sin conciencia lógica, sólo hacen una pobre psicología, una pobre aisthesis, una pobre poesía, y un anima mundi tísica e incluso quizás ilusoria. Ya no podemos darnos más el lujo de la inocencia -no tan sólo porque abundan las funestas señales, sino porque fallaríamos y dejaríamos pasar de largo las mismas cosas que pretendemos que nos importan, la psique y el mundo.


Una imagen hogareña, romántica: la del vendedor que promociona su producto en el escaparate casual y el calvinista de traje negro en el cuarto trasero. Acaso podría haber sido así en los buenos días de antaño. ¿Pero no os habéis dado cuenta? Ahora vivimos en la era de los supermercados con auto-servicio, cadenas de almacenes que no pertenecen a nadie, sino que sirven a un interés anónimo y abstracto. Y todos los bienes que pueden comprarse allí son los bienes de una sociedad basada en el usar y tirar. De modo que si uno dice que uno promociona el anima mundi como su producto, uno debiera saber lo que significa eso que está diciendo, y a fin de saber esto se necesita conocer la lógica de los anuncios, de la promoción de productos, de vender algo, del "todo puede devolverse", etc. La cuestión no es simplemente si lo que uno vende es el anima mundo en lugar de cigarrillos o jabón o armas o biblias, ni si uno "está gusto con eso" o "lo compra". Si uno piensa así, uno ha amputado la idea del anima mundo de su contexto, en verdad del mundo (del cual después de todo se suponía que era la idea). Una idea no es sólo que es, pura y simplemente, sino que es ella misma y el contexto en el que aparece y en el cual se habla de ella.


Colocar la idea del anima mundi en el contexto de la venta y el marketing significa reducirla a un bien desechable sin valor inherente en sí mismo. No podemos transplantar a nuestra era inocentemente y sin más, como si nada hubiese cambiado, ideas que tuvieron su lugar legítimo en una era anterior. Las ideas, las imágenes, no son sólo artículos uno al lado de otro en los estantes de un supermercado de la imaginación para que escojamos lo que nos guste y o lo devolvamos si nos equivocamos en la elección. Tienen también su propio tiempo.


Es demasiado fácil llamar a los americanos sofistas renacidos, porque el tiempo de la espléndida inocencia de un primer despertar del mito se ha ido de una vez y para siempre. Vivimos en una era que es el resultado ulterior de un largo proceso que fue comenzado por los sofistas, ciertamente, pero que ha pasado a través de muchos estadios de mediaciones. No hay camino de regreso de la cicatriz de Ulises a la herida del Puer (2) (la cicatriz, de paso, sería una buena imagen para lo que Hegel quiere decir con Aufhebung (3): la cicatriz como la aufgehobene herida -la herida superada). Y una cosa es decir "persuasión y todo vale" en el tiempo aproximado del año 500 A. C. y otra es decirlo hoy, en un tiempo donde tenemos bombas y productos químicos venenosos y manipulación genética. La gente de hoy puede jugar a ser sofistas renacidos o bebés en los bosques, pero no lo son, y probablemente harían bien en reconocerlo. El bebé no puede causar gran daño, sólo puede resultar herido en los bosques. Pero nosotros tenemos el poder real de hacer mucho daño.


Creo que la Diosa Peitho (4) se removería en su tumba si supiera que ha sido colocada, como salida del estante de una tienda de antigüedades, en el contexto de la moderna "promoción de productos". Hay mundos de distancia entre ella y el tipo de persuasión que acaece en la publicidad y el marketing modernos. Lo que una vez fue una Diosa, se ha reducido a un mero instrumento al servicio del único Dios de esta era: el Capital (y aquí sería nuevamente indiscriminado asemejar el Capital al antiguo dios Mammon o al inofensivo dinero premoderno). La retórica y persuasión que obra en la publicidad no tiene nada que ver con el anima. Por el contrario, muestra que lo que una vez fue anima ahora está esclavizado al servicio de prácticamente su opuesto. Es una retórica que no realza verdaderamente las cosas, sino que las convierte puramente en bienes descartables e intercambiables, cuyo único valor yace en la cuestión de si uno los comprará, y los apreciará y si uno puede usarlos o no. No critico o argumento"en contra" de esta situación moderno. Argumento a favor de la discriminación, de conocer la discrepancia.


Ni tampoco puedo colocar "Boreas" (5) y "corriente a presión" o "sistema de altas presiones" en la misma frase, como si sólo fueran nombres diferentes para la misma cosa. Psicológicamente y lógicamente son realidades muy diferentes, porque pertenecen a estatus lógicos diferentes. Puede ser verdad en poesía, como en un asilo dentro de nuestro mundo, que los árboles están enmendados (Wallace Stevens). Ciertamente no es verdad en ese mundo. Y nuevamente -si se escucha con atención a lo que el poeta dice- se oirá que dice lo opuesto de lo que dice. Por si los árboles están enmendados, no han vuelto a ser lo que una vez fueron (como sugeriría la frase a un oyente desprevenido). Así como la cicatriz es la herida superada (sublada), así la enmienda es el desgarrón sublado, superado. Los árboles enmendados pueden encontrase en películas o novelas nostálgicas. Donde todo parece bien y entero, se puede estar seguro de hallarse en un lugar de cosas enmendadas. Ciertamente: allí aparecen realzadas, notables, valiosas, de importancia aumentada. Pero la apariencia de este realce está producida deliberadamente por una lógica muy complicada en el escritor y reproducida por la misma lógica en la audiencia nostálgica, de modo tal que sin embargo esta producción lógica permanece subliminal, lo cual hace que la conciencia inocente crea que ha tenido una aisthesis directa.


El viento gélido que golpea mi pecho y sacude las colillas en el cenicero, por lo mismo, no es simplemente un "acontecimiento directamente sensible, incidiendo directamente como un auto despliegue". Nuestra sensación ya no es tan inocente. Ha sido afectada por y ha pasado a través de numerosos estadios de mediaciones y retiene dentro de sí, en tanto que aufgehoben (sublada), una larga historia de imaginación, iluminismo, re-imaginación, nuevo iluminismo y todos los desgarrones y cicatrices que van con ello, aun cuando todo esto yace enteramente por debajo de la superficie. El viento gélido también está enmendado, cuando no desgarrado... No podemos sentir el viento como lo hacían los griegos pre-homéricos. No podemos deshacer el hecho de que nuestros ojos han mirado por telescopios y microscopios y aparatos de televisión y han estado en museos, y han visto millares de carteles, reproducciones artísticas, mapas estadísticos y diagramas científicos; y nuestros oídos han escuchado motores, el rugido de los cañones, cuartetos de cuerdas y rock, música digitalizada. No podemos deshacer el hecho de que sabemos acerca de ondas sonoras y luminosas. Sostengo que bajo estas condiciones la idea del viento gélido directamente sensible así como así, sin mayor complejidad, es una idea confortable que pasa de largo ante lo que hoy hay para ver y sentir, no advierte el autodespliegue y la poesía de hoy en las cosas de la naturaleza; el viento, el árbol, el arbusto, el ciervo están rotos, heridos, incluso muertos; son los fantasmas de lo que una vez fueron. Tal es la percepción que hoy se ofrecería a una "respuesta estética" (si tuviésemos el poder lógico de ver así), del mismo que la naturaleza se ofrecía a la percepción no disminuida de los griegos como Boreas, ninfa, dríade, Pan, Artemisa. Pues una aisthesis plena es siempre la percepción de la imagen interior en el fenómeno, es decir, de la cosa con su aura, con todo el "mundo" (la esfera lógica) que representa, y no sólo de su forma positivo-fáctica.


Necesitamos la lógica (en el sentido de Hegel), no para complacernos en deseos académicos de una teoría del conocimiento o para averiguar si una idea tal como la de anima mundi es "lógicamente válida". Necesitamos la lógica por el bien de una verdadera respuesta estética a nuestro mundo, por el bien de las cosas en el mundo tal como es hoy, a fin de que puedan ser vistas con alma. Necesitamos la lógica para educar y diferenciar nuestros sentidos hasta alcanzar el grado de sofisticación que iguale el estadio de sofisticación lógica ya real en las cosas de nuestro mundo ahí fuera, que es un mundo de arquitectura de acero y de cristal, de calles de asfalto, de aeroplanos y naves espaciales, de electrónica, de tomografía computerizada, de centros comerciales, etc. Han ocurrido enormes cambios desde los días del hombre mitológico: ellos son la tarea, tenemos que hacer nuestros deberes. Así como no bastaría hoy escribir poemas como Goethe o componer música como Palestrina o Bach, o pintar como Leonardo o Monet, tampoco bastará con que la gente "compre" (acepte) la visión del anima mundi así como así, por muy confortables que se encuentren en ella. Yo me siento muy confortable con Goethe o Bach, más que, por ejemplo, con composiciones muy modernas. Pero sé que no me conectan con nuestro mundo de hoy. Me mantienen en el mundo de los buenos días de antaño y a mi consciencia en el estatus lógico que había sido alcanzado entonces.


Sin elevar a la conciencia la lógica subliminal inherente en nuestra percepción de hoy; sin el doloroso esfuerzo por reconstruir paso a paso en nuestra estructura mental la historia de las transmutaciones lógicas que está condensada y colapsada en las cosas de nuestro mundo moderno y preservada en ellos, somos más o menos como los seguidores del culto de cargamento melanesio (6). No veían aquello sobre lo cual versaba su culto: aeroplanos, relojes, radios, etc. Lo que veían eran objetos concebidos dentro de una consciencia "animista" o "mitológica", objetos sustituidos por los productos traídos a su mundo desde fuera. Su percepción no tenía los medios lógicos para ver algo tan sofisticado como una copa de plástico ni todos los demás productos de nuestra sociedad industrial y altamente tecnológica.


¡Pero tampoco los tiene nuestra percepción! Somos ciegos a los autobuses y las colillas en el cenicero, ciegos al alma en todas las cosas que salen de la línea de ensamblado, y doblemente ciegos si además creemos que las vemos. Podemos entender cómo conducir un autobús, entender la mecánica de su motor y acaso incluso la física que le subyace. Pero carecemos del poder lógico de verlo fisionómicamente por lo que es, es decir, de un modo equivalente a cómo los griegos antiguos podían ver su mundo tal como era. Cuando tratamos de ver un autobús o un aeroplano fisionómicamente, nos limitamos a aquella parte pequeña y relativamente poco importante de su realidad, es decir a ese estatus lógico inofensivo que tienen en común con las cosas naturales (su forma corpórea y su rostro), como si un avión fuese acaso un tipo de pájaro, y el autobús aparcado al sol algo así como un enorme peñón soleado, o algo por el estilo. No lo vemos junto con su esfera (toda la civilización tecnológica con sus abstracciones, producción masiva, transporte en masa, tensión...). Una percepción fisionómica reductiva. Y una especie de "monoteísmo" lógico: un único plano lógico o estadio para todo.


La lógica tal como aquí la entiendo priva a la psique de su inocencia atemporal, con la cual se encapsularía en el caleidoscopio platónico de sus propias visiones eternas. La psique sola, separada del la segunda mitad de "psicología", también atraería el mundo a esta cápsula, asemejando plana y fácilmente (nivelando) la visión (arquetipal) y el acontecimiento (real), lo antiguo y lo moderno (anamnesis). La psique sola creería en la posibilidad de un Renacimiento simplemente por medio del intercambio de la propia visión y envolviéndose en la creencia, en un como si. El elemento lógico en "psicología" atraviesa este caparazón e inflinge en la psique un sentido de un mundo real ahí afuera, sometido al Tiempo Irreversible, y por tanto un sentido de las pérdidas irreparables que a la vez son ganancias; un sentido de posible discrepancia entre el estatus lógica en que está nuestra actitud y el estatus alcanzado por el mundo objetivo que producimos para nosotros; un sentido de muchas muertes que morir y resurrecciones por las que pasar, que juntas son aquello que la palabra de Hegel aufhebung (superación, cancelación, sublación) intenta pensar a una.


"Nosotros venceremos" (We shall overcome) puede ser una traducción en norteamericano, pero ciertamente no de aufgehoben. Por el contrario, psicológicamente es el slogan en que la preservación del ego deviene una máxima. Es la declaración programática del rechazo a soportar la muerte que tiene que morir la presente constitución lógica de nuestra consciencia. Ciertamente, he oído con mucha frecuencia este slogan misterioso durante el tiempo de la guerra de Vietnam. Pero nunca escuché que la multitud cantara su segunda línea, la que continúa: "sed pereat mundus" (7). Aparentemente nadie advertía que lo que cantaban tenía una segunda línea, o mejor, un bajo continuo. En verdad, vencieron -pero la factura de esta victoria fue pagada por millones de camboyanos y vietnamitas que fueron asesinados, no por una desgracia imprevisible, sino como resultado de la traición del mundo inherente en la lógica del "nosotros venceremos". Por supuesto, también es inherente en esta lógica que la voluntad de auto-preservación (de autopreservación de nuestra inocencia) sea sorda a su propio contrapunto. Porque si se hubiera vuelto consciente del hecho de que al decir "Nosotros venceremos" se está diciendo a la vez "sed pereat mundo", entonces este slogan hubiera perdido su inocencia y hubiera perecido debido a su propia contradicción interna. Y entonces la voluntad de autopreservación, en cuyo nombre fue inventado este slogan, hubiera sido -podéis adivinar lo que sigue... ¡aufgehoben! (sublada). ¿Aufgehoben (sublada) en qué? Acaso en un amor por este mundo que pudiese permitirnos abrirnos a su realidad, incluso a su mitad amarga, fría y ajena, para que allí también se hiciese alma.

W. Giegerich 1988


Con algunas correcciones menores, el artículo también puede consultarse picando aquí


Notas del traductor

(1) El término puede traducirse como "la labor del concepto" y también "el trabajo del concepto", y ya se encuentra en La Fenomenología del Espíritu de Hegel, como bien puede verse aquí.

(2) Alusión al brillante artículo de 1978 de Hillman, Las heridas del puer y la cicatriz de Ulises.

(3) Este concepto hegeliano que suele traducirse como "superación" y también como "sublación" significa negación, cancelación, destrucción de una idea y preservación de su contenido original que es llevado así a un estado más sutil, semejante a la idea alquímica de sublimación.

(4) diosa griega de la Persuasión y la Retórica, a la que Hillman alude con frecuencia en sus obras.

(5) Personificación griega del viento

(6) para comprender mejor esta analogía, conviene leer el artículo que Giegerich publicó en 1978, “El presente como dimensión del alma

(7) Aunque perezca el mundo.